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El efecto aura y las encuestadoras

Enviado por observa on June 14, 2012

encuesta.jpgElecciones 2012 México: el efecto aura y las encuestadoras
Por José Manuel Ramírez*

La izquierda de México no ha tenido la oportunidad de ganar una elección presidencial, pero hoy está, por tercera ocasión desde 1988, ante la incierta  probabilidad de llegar al poder, pues el futuro se caracteriza precisamente por su incertidumbre. 

 

En las dos anteriores ocasiones no fue posible.  En 1988 con Cuauhtémoc Cárdenas  “se cayó el sistema” y en 2006 con López Obrador “hubo fraude en urnas y algoritmo cibernético”.  En ambos casos, a los candidatos triunfadores les persigue la sombra de la ilegitimidad hasta el día de hoy.  En teoría de escenarios existen  escenarios posibles y probables, y escenarios posibles pero menos probables.  No obstante, también escenarios catastróficos.

 Considero que  el efecto aura pudiera ocurrir en esta ocasión.   Hay ocasiones en las cuales  el candidato que atrae la mayor intención de voto (según las encuestas) se ha cristalizado, es decir, nada afecta su imagen pública.  Esto es de importancia central, si se considera que el voto es un acto más influenciado por la emocionalidad que por la racionalidad.   En estos casos ocurre un fenómeno que llamo efecto aura: el candidato más popular despliega un escudo protector contra todos los ataques y denuncias de fraude, corrupción, autoritarismo y nexos con el crimen organizado, como pareciese ser el caso de Peña Nieto.  Esto ha pasado antes en México (Cárdenas en la elección de Jefe de Gobierno en el Distrito Federal en 1977) y en otros países (Clinton, W. Bush  y Berlusconi). 

 No obstante, existen  acontecimientos emergentes que provocan escenarios inesperados que modifican la intención de voto y reorienta el voto de los indecisos en otra dirección.  Tal fue el caso de Mitterand y Rodríguez Zapatero.  El movimiento #YoSoy132, la llamada “primavera mexicana”, surgido desde el 11 de mayo pasado a partir de la presentación de Peña Nieto en la Ibero y el sesgo informativo de la cobertura noticiosa del evento le dio un giro a la elección.  El inusitado activismo juvenil organizado mediante redes sociales (Facebook, Twitter, You Tube) se ha expresado en manifestaciones pacíficas de gran creatividad expresiva  en las calles en más de 20 ciudades del país.  En estos días, a dos y media semanas de la elección, buscan organizar y dar coherencia a su agenda y acciones.  No obstante, ya han empezado las disidencias y la falta de cohesión natural en este tipo de movimientos sociales.  De hecho, los estudiosos de estos fenómenos bien pudieran señalar que es un movimiento en probable gestación, es decir, es una expresión ciudadana que ha ido progresando en su organización y difusión,  pero el cual aún no se consolida en un movimiento social propiamente.  El hecho de haber logrado convocar a tres de los cuatro candidatos en contienda, nos permite dimensionar el grado de influencia sociopolítica y capacidad de interlocución con los actores políticos, económicos e institucionales.

 

El fenómeno sociopolítico  #YoSoy132, que en su génesis fue juvenil, hoy empieza a convocar a diversos sectores de la población y al parecer está reorientando la intención de voto, lo cual incluye a los indecisos, así como el voto útil, voto nulo y la abstención.  Este fenómeno y el de la posibilidad que MORENA (Movimiento por la Reconstrucción Nacional) tenga el día de la elección un representante en cada una de las casillas a fin de evitar cualquier posibilidad de fraude (en 2006 se cubrieron menos del 70 % de las casillas), son circunstancias que deben ser ponderadas ante su posible influencia en el resultado electoral. 

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Además, habría que señalar que el fraude el día de la elección mediante la coacción y compra del voto es una realidad entre las tres fuerzas electorales de nuestro país, como lo ha sido en muchos países, aún en aquellos con democracias consolidadas.  Tal fue el caso en las elecciones presidenciales de EUA en 1960.  Richard M. Nixon, quien tuvo como operador a Jimmy Hoffa, líder del poderoso sindicato International Brotherhood of Teamsters, compitió con John F.  Kennedy, quien recibió el apoyo de  su padre Joe Kennedy, célebre contrabandista de licor en la época de la prohibición quien cabildeó el apoyo de los integrantes del crimen organizado de Chicago cuya cabeza fue Sam Giangana.  El triunfo en las urnas del candidato Kennedy, cuya imagen pública avasalladoramente atractiva y quasi angelical hoy hace guiños con la del señor del copete pronunciado, contó con recursos financieros de origen criminal que sirvieron para la operación terrestre de compra y coacción del voto.  JFK se convirtió en el primer presidente católico del Imperio Americano. 

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Otro asunto, es el tema de las encuestas y su independencia y legitimidad.  En las democracias consolidadas son instrumentos de medición de la opinión pública con diversos grados de neutralidad.  Sus resultados no han estado exentos de impugnaciones  en Europa y en Estados Unidos.  El caso se complica aún más en las democracias no consolidadas, paralizadas o fracasadas (estados fallidos).  México es una excepción o caso particular pues su transición a la democracia es sui generis.  Algunos han especulado que el envío de Anthony Wayne (experto en teoría y práctica en estados fallidos, y quien fuera embajador precisamente en Iraq) a México como representante del gobierno norteamericano es una señal inconfundible que el estado del sistema político es delicado, por decir lo menos.

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Además, es de importancia central considerar los factores metodológicos que pudieran intervenir en las mediciones de las preferencias de voto y la imposibilidad de hacer un “promedio de encuestas” (como lo hacen algunos medios y las mismas encuestadoras).  Entre las consideraciones de métodos y técnicas de registro de la opinión pública deben anotarse el uso de  instrumentos de recolección de información distintos entre un estudio y otro, el diseño de la muestra, el tipo de encuestas telefónica  y en vivienda, el uso de urna y boleta para expresar preferencia, los porcentajes de no respuesta (especialmente en zonas de alta inseguridad), el diseño de las preguntas y opciones de respuesta (con y sin uso de tarjeta de respuestas), la supervisión y control del posible sesgo introducido por los encuestadores en forma no voluntaria (a través de lenguaje corporal y variables de la voz: volumen, timbre, tono, ritmo y acento), la fecha del levantamiento, entre otros.

 

Si entramos en un cuestionamiento profundo de las encuestadoras mexicanas, tendríamos que saber quiénes son los verdaderos socios capitalistas de dichas empresas, sin dejar de lado la posibilidad de testaferros.  ¿Cómo obtiene credibilidad una empres encuestadora?  Su mejor carta de recomendación es la historia misma de sus mediciones, tanto en las preferencias de voto durante la campaña, así como en las encuestas de salida. 

 

El asunto es que los expertos aún debaten sobre el efecto de la encuesta de preferencias electorales sobre el voto mismo.  Asimismo, debe considerase el factor cultural.  En la mayoría de los países del mundo la gente desea votar por un ganador, pero en México, una buena parte de la población se pone de lado del más débil, del que tiene pocas o nulas posibilidades de triunfo o del que va perdiendo, ya sea en el box (Mantequilla Nápoles vs. Carlos Monzón), en el futbol (México vs. Alemania: los verdes “jugaron como nunca y perdieron como siempre”) o en, algunos casos, en las elecciones.

 Si se acepta que las encuestas influencian el voto (sea de forma moderada o definitiva), y triunfa un candidato que ha llevado la delantera en tres meses de campaña, la elección pareciese legítima.  Sin embargo, ¿qué ocurre si la mayor parte de las encuestas, que han mostrado un candidato puntero con más de 15% en las preferencias electorales, no son fidedignas y están siendo inescrupulosamente usadas con fines de orientar el voto?   ¿Es posible que las encuestadoras mexicanas tengan intereses comunes con el partido del candidato puntero y con los poderes fácticos (medios de comunicación, intelectuales orgánicos y un sector considerable de los grandes empresarios, incluso, del crimen organizado)?  De ser así, el daño a la frágil y débil democracia mexicana sería de proporciones catastróficas.

Parece que por lo anterior es prudente afirmar que la próxima elección de México es un escenario en el que la moneda está en el aire.

 *Sociólogo, analista crítico de los medios de comunicación, investigador social, consultor en comunicación estratégica e integrante del colectivo Observa los Medios

Comments:

Enviado por Jose Othon borrego en
Que bárbaro Jose Manuel , excelente articulo, un abrazo
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